miércoles, 16 de octubre de 2019

El Gamo inesperado




Como muchos sabéis tuve la inmensa fortuna de ser el agraciado ganador del sorteo organizado por @huntingpyrenees. Dicho sorteo consistía en realizar un rececho en Cataluña a Gamo durante la ronca.



Una auténtica locura que no podía ni creerme cuando me enteré. Otra vez la ilusión de verme de rececho tras un bonito gamo me sacudía por dentro. Quien me conoce sabe que soy una persona apasionada y, sin duda, desde el primer momento estaba lleno de ilusión por lo que sería un gran fin de semana de caza.

Eran dos meses los que tenía por delante, parecía mucho tiempo, pero éste ni se detiene ni avanza tan despacio como a veces uno pudiera pensar sino todo lo contrario. Hoy ya puedo contar que he vivido una experiencia inolvidable este fin de semana del Pilar.



La aventura comenzaba el viernes con el viaje a la provincia de Lérida en Cataluña, al prepirineo catalán, donde pernoctaríamos, pues al día siguiente habíamos quedado para ir a la finca a las 6:30 y hablo en plural pues tuve la fortuna de contar con mi gran amigo Cayetano (como ya sabéis del canal de youtube CAZA ESP) de compañero de viaje que vino para disfrutar junto a mi de la experiencia.

El sábado 12 de octubre con muchos nervios y esperanzas, acudíamos a la cita donde nos esperaba Sergio de @huntingpyrenees para ir derechos a la finca y comenzar el rececho en ronca antes del amanecer. Por fin nos poníamos cara después de este tiempo de cruzarnos mensajes y de planear todo lo que nos venía por delante.

Cuando llegamos a la zona planeada para iniciar el rececho, estábamos casi a oscuras y con mucho sigilo empezamos a andar en busca de una zona con claros y baja donde si la ronca estaba fuerte deberían de poderse ver los machos con las hembras.



No llevaríamos ni 10 minutos andando cuando el primer macho comenzó a roncar. Para un neófito en la caza de este animal como yo, supuso una auténtica emoción sentirlo. El animal sonaba lejos y fuera de nuestra zona de alcance y seguimos con nuestro plan de avance. No mucho tiempo después, y con los primeros claros, precisamente en una clarera, Sergio localizaba un par de hembras, y nos mando tumbarnos en el suelo para evitar ser vistos. Nos advertía de que el macho no estaría lejos. Tenía razón, allí asomaban las palas. Éstas nos delataban tener delante nuestra un animal medallable. Sergio me indicaba que el animal era muy bueno y me recomendaba el lance. Debo reconocer que el animal me encantaba, era una locura de gamo, pero por otro lado sentía tristeza de que todo fuese a terminar tan pronto. Que iluso era... En cualquier caso en ese momento tan sólo tenía que esperar que el macho se me pusiera a tiro, cosa que aún no había hecho, pues se mantenía, bien con las gamas por delante, o bien tapado por las copas de los arboles.



No sé cuanto tiempo estuvimos tumbados observando, pero la luz del día se estaba imponiendo, mostrando el esplendor del lugar en el que nos encontrábamos, donde la ronca de los machos empezaba a sonar con fuerza en los pinos que teníamos por encima. El macho y su harén se había movido unos metros y no los veíamos de ninguna manera pese a saber que no habían marchado.

Decidimos desplazarnos lateralmente unos metros para acortar un posible tiro y poder evitarnos la maleza. Este movimiento fue desastroso, pues los animales nos detectaron, saliendo monte arriba a la protección de éste.

Sin desanimo y esperanza decidimos avanzar hacia abajo en busca de otro macho que nos parecía sonaba en otras clareras. El entorno era espectacular en esta parte de la finca y disfrutábamos de ella en nuestro sigiloso avance, mientras algunos machos roncaban en el interior de los pinares.



Nos topamos con un nuevo macho con sus respectivas hembras, que al divisarnos se taparon tras un pequeño cerro manteniéndose en cualquier caso en una zona semidespejada de vegetación. El aire no lo teníamos del todo bien para una entrada frontal y en ese momento le propuse a Sergio un movimiento complicado pero que si los animales se mantenían en su sitio podría funcionar. Consistía en rodearles andando hacia abajo para luego empezar a subir hacia la parte alta y por la linea de monte avanzar el terreno perdido hasta divisarles, en otras palabras, una "C" al revés, con una buena subida de por medio.



Hicimos el avance decididos y rápidos pues no sabíamos cuanto aguantarían allí los animales. De por medio levantamos un par de varetos de gamo, una hembra y no recuerdo ya si un macho a mucha distancia. Esto era la leche hablando en plata. Nuestros sudores y falta de oxígenos nos estaba costando llevar a cabo la estrategia, pero esto, a fin y al cabo, es la esencia de un rececho y vivirlo junto a mi amigo Caye y con Sergio bien merecía la pena.



No habíamos terminado de llegar a la zona deseada, cuando Sergio se percata que las hembras estaban entrando apresuradas al pinar de más abajo, junto con un macho más pequeño y diferente del que habíamos visto. Había esperanzas de que éste pudiera seguir allí y decidimos ir en su búsqueda.

Se había movido. Con la respiración entrecortada y algo cansados por la marcha nos mirábamos los unos a los otros y poco más necesitábamos para decidirnos a seguir avanzando, pues Sergio al que acababa de conocer, la caza, al igual que a nosotros, le afloraba por todos y cada uno de los poros de su piel.






No habíamos andado mucho cuando por la derecha vemos andar paralelo a la linea de monte a las hembras para meterse en un giro para adentro, mientra un macho las empezaba a roncar. Los nervios se apoderaban de nosotros y sin dudar decidimos entrar al monte con mucho sigilo, no habría ni 50 metros.

Estábamos en el pinar y yo reconozco que no sé donde estaba mirando, pero en cuestión de un segundo me encontraba tumbado en el suelo por una orden inminente de Sergio al oír los ronquidos del gamo, lo habíamos recortado unos metros y estábamos encima. Si el momento ya era totalmente emocionante, no sé como describir lo que aconteció a continuación. Sergio cogió dos ramas del suelo y empezó a chocarlas entre si y a restregarlas con el tronco de un pino. Surtía efecto y el gamo mostraba todo el interés en nosotros, respondiendo con su particular ronca que cada vez estaba más cerca. Solo se me ocurre describir lo que estaba sintiendo transcribiendo al gran Johan Cruijf, "Gallina de Piel...". Acto seguido vemos andar en la linde de los pinos, donde había vegetación de altura media una hembra a unos 30 metros, y justo detrás iba el macho roncándola, pero tapado por un pequeño desnivel que solo permitía verle las palas. El corazón se me escapaba por la boca por momentos de lo acelerado que tenía el pulso. Estábamos a un segundo de tenerlo de frente. Las palas nos decían que era un animal representativo, pero el lance bien merecía ser resuelto por todo lo que me había trasmitido lo vivido.



Todo estaba de cara, pero de repente y sin venir a cuento, y cumpliendo con la regla de la incertidumbre en la caza, el macho perdió el interés en el ruido que estaba produciendo Sergio con sus ramas y nos dejo compuestos y sin lance. Andamos un poco en su dirección con lo puesto pero había desaparecido.





Decidimos ir recechando en los linderos del monte de arriba, por el lado contrario por el que habíamos ido al inicio de la jornada y en dirección al coche. La ronca se había diluido como un azucarillo en café caliente, y la presencia de animales también en esto que llegamos al coche. No nuestro ánimo, especialmente el de Cayetano y el mío, que estábamos más que encantados por vivir todo lo que llevábamos encima.





Probamos una nueva zona, en una de las partes más cerradas y altas de la finca, desde donde había que recocer las vistas eran bien chulas, pero no vimos ni pata, exceptuando un jovencísimo macho en un claro y desde el coche.



Tocaba poner fin al rececho de la mañana, no había actividad y era momento de reponerse, descansar, comer y en definitiva pasar un buen rato los tres. También me dio tiempo a realizar algunas playmofotos dicho sea de paso, pero eso es otra historia.





 Fueron unos ratos más que agradables donde tuvimos una anécdota divertida que paso a contaros.



Estábamos Sergio y yo en la parte posterior de la casa preparando una pequeña entrevista para el vídeo que estábamos grabando del rececho, mientras Cayetano no se muy bien donde estaba. Ante nosotros una explanada amplia de unos 300 metros o más, que separaba dos montes y por delante ambos de la casa. En esto que le pregunto a Sergio "si por esta zona los gamos se movían" a lo que me contesta que si. Precisamente en ese momento en la linde del monte de enfrente aparece la silueta de un gamo que nos mira de frente. Parecía mentira pero así era. Ambos dos convenimos que parecía un gamo pequeño. Nuestra sorpresa vino, en el momento en el que el gamo se gira y vemos unas palas descomunalmente anchas. Nos miramos asombrados y salimos corriendo acto reflejo a por el rifle y las balas sin ningún tipo de meticulosidad o discreción. Evidentemente el gamo se rió de estos pardillos y salió corriendo para el pinar mucho antes de que ni siquiera nos diéramos cuenta de lo absurdo de la situación. Que gamazo por dios y que risa luego de pensar todo esto.





Llegaba la tarde y la reanudación de nuestro rececho. Probaríamos una nueva zona, muy muy tupida pero donde los grandes machos deberían estar roncando. A favor nuestra la altura  y la vista que ofrecía el saliente donde estábamos. El lugar era idílico y ponía a las claras que pese a ser la finca cerrada, allí los animales tenían multitud de oportunidades de escape y de escondite. Además en contra nos estaba sorprendiendo que los gamos no roncaban.








Tras estar allí un rato y una pequeña marcha con saltos vertiginosos incluidos damos un pequeño rodeo en coche a otra zona del coto sin suerte y lo más preocupante sin actividad de ningún tipo de los animales.

Sergio pensó en volver a la zona de la mañana para ver que se cocía por allí. No tardamos en llegar y con un calor impropio de las fechas empezamos a andar. Pronto llegamos al punto donde nos tumbamos esa misma mañana, sonaba un gamo al borde de los pinos de en frente y había que esperar por si daba la cara.

Sergio intentó la maniobra de las ramas, y si bien es cierto que el gamo que roncaba lo hacía con algo más de inquietud, no supuso ninguna reacción semejante a la vivida por la mañana dentro de los pinos. Sin embargo si sentimos un ligero ruido a nuestra derecha que podía ser procedente de un gamo.



Teníamos mucha vegetación por delante y aunque aguantamos un rato por ver si salía a alguna posición de visibilidad o el de los pinos daba la cara, esperamos un rato.

No se vislumbraba posible solución y decidimos hacer la misma de la mañana con mucho más sigilo.

Conseguimos movernos pero no veíamos nada. Tocaba esperar. Al poco vinos movimiento en la parte alta de la clarera, unas gamas seguidas por un bonito macho avanzaban a buen ritmo al interior del monte. Era un macho que no daba medalla, pero muy muy bonito y con la forma de las pala muy bonita, en concreto de una. No dió ninguna opción.




También vimos como un gamo de capa negra, pero pequeño,  sorprendía a larga distancia con una vertiginosa carrera desde dentro del monte a una parte con bastante vegetación, donde buscaba protección posiblemente de algún macho grande.

Finalmente vemos que por esa zona se mueven unas hembras y un macho al que no podemos valorar, y decidimos hacerle una entrada.

Cuesta arriba, y por cierto sin botas todo el día pues me las dejé en casa, tocaba volver a recechar con las inestables puma urbanas que suelo llevar en mi día día jeje. Como se nota la adherencia y sujeción de mis botas solognag, como las eché de menos. No valían lamentaciones, y menos ahora, había que ser rápidos y discretos.



Con calma y sin hacer ruido, bueno, si espantamos una gama solitaria a un lugar sin conflicto, llegamos al lugar que nos habíamos propuesto de acercamiento. La vegetación no nos dejaba ver mucho al principio, pero finalmente detectamos las gamas y el macho, que era bonito y prometía mucho, pero no era lo que estábamos buscando.

La tarde se acababa y había que hacer algo y quemar nuestras últimas opciones. Mi fe que había sido ciega en Sergio durante la jornada, cada vez lo era más si cabe gracias a la confianza que me generaba su persona y los lazos que íbamos estrechando. Y éste, pese a la dificultad, animó a ir en busca del único gamo que roncaba en su guarida en lo alto del pinar que habíamos dejado atrás.

Otra vez andar y cuesta arriba, mas el camino se hace al andar y un rato después estábamos justo en la linde del monte donde a veces roncaba ese gamo. Entramos y comenzó lo inesperado.






Vimos una hembra, que a su vez hizo lo propio, tirando acto seguido más hacia dentro y hacia arriba, mientras el macho mandaba un sonoro ronquido. Dejé mi trípode vanguard en el suelo con el objetivo de ir más ligero en la que sería nuestra subida. Error que a la postre pagaría.



No avanzamos demasiado, cuando de repente volvemos a encontrarnos con la hembra y con un macho, al que no da tiempo valorar pues va andando para arriba. Nosotros detrás expectantes y sabedores que pocas opciones quedan al día.

Vamos todo lo deprisa que podemos dentro del sigilo necesario, cuando volvemos a encontrarnos no sólo con los animales anteriores sino con más hembras y otro macho más pequeño. Estos nos divisan y avanzan más al fondo, era una auténtica persecución, suelto la mochila y en paralelo a Sergio y con Caye por detrás, inmortalizando todo, vamos en pos del lance.

La distancia dentro de los pinos ya era larga aunque no se decir cuanto había, pues precisamente con los pinos de por medio no era la forma más propicia de valorar ésto, y posiblemente de plantearse un lance, además con los animales del todo inquietos, menos. Con el 270 winchester de cerrojo equipado con un visor Zeiss 3x12 de mi amigo Raúl de @couple.hunt intenté valorar el macho grande que tenía delante. Era bueno, y sin saber cómo y posiblemente cegado por el celo aparece otro gamo aún más grande y espectacular que el anterior que se une al grupo. Embargados por los acontecimientos empezamos a alertarnos entre nosotros de lo que había acontecido, y Sergio empieza a decirme que es muy bueno, muy muy bueno, cosa que yo mismo estaba viendo en el tamaño de su cuello y su pala. Los gamos y gamas ya en conjunto se dirigen al viso que había dentro del pinar en busca de su escape pues eran ya conscientes del lío en el que estaban. Esto que puede parecer una secuencia de minutos estaba sucediendo en unos 10 segundos y tirando por lo alto. Así es la caza.



Y aquí vino mi error. Dentro del barullo y con todas las connotaciones anteriores tiré a pulso al gamo  enorme (mi trípode estaba en el suelo en la linde del pinar como ya expuse) mientras éste estaba ya de espaldas, en huida y sin yo haberle cubierto satisfactoriamente con la cruz. Fallé como era más que evidente. Un flagrante error no por fallar, sino por precipitarme, por no respetar el lance de rececho, por poderme los nervios, por la desesperación por irseme el día sin conseguir el animal y porque no decirlo, también me llené de gamo nada más verlo de lo majestuoso que era.

Curita de humildad y a aprender una lección más. El campo siempre enseña y este que escribe está más que dispuesto a seguir aprendiendo.



Miramos el tiro pese a que yo sabía el fallo, pero es deber de todo cazador revisarlo para descartar cualquier sorpresa. No había sangre. Sorprendentemente a unos 30 metros nos encontramos con el gamo vivito y coleando que cegado por el celo no era consciente de la situación en la que estaba. No obstante nosotros no íbamos preparados para dicha sorpresa y este finalmente reacciono perdiéndose para siempre dentro del monte.

No quedaba ya si que si casi nada de tarde, pero decidimos intentar bajar hasta la zona baja por los claros por si acaso se nos aparecía la virgen.



Concluimos la tarde sin ver nada más. Desde la casa, ya con la noche ya cubriendolo todo, si vimos con el monocular nocturno que me llevé para probarlo, unas cuantas hembras que terminaron por poner el broche a un estupendo día. Nos retiramos al hotel para descansar las piernas derrotadas por la dura jornada y reponer el cansancio, sobre todo acuciado por la falta de sueño por los nervios previos a la jornada, (bueno debo de admitir que mi chiquitín que había estado malo durante la semana me tenía algo mermado también...)



A las 6:30 arrancaba el domingo con nuestro encuentro en el lugar indicado para ir a la finca. No se puede decir que no descansé pues caí rendido a la cama entre mis pensamientos prenocturnos. Debo confesar que estaba entre abrumado por todo lo vivido, por lo espectacular del día pero también preocupado, pues solo nos quedaban tres horas de caza para encontrar el gamo inesperado, y no estaba siendo nada nada fácil. La finca es cerrada pero tienen tantísimas opciones de escondite y de escape los animales que desde luego estaba siendo el tema complicado y trabajoso. Cierto es que tuve alguna opción real (no cuento el fallo) pero eran gamos por debajo de lo que buscabamos. En fin, como dije, me quedé dormido con todo eso en mi cabeza.

Sergio nada más vernos, pese a no decirle yo nada, me tranquilizo con su animosa frase de que hoy si nos haríamos con el gamo. Nos propuso empezar el día en el mismo lugar que la mañana anterior, cambiando eso si nuestra actitud a una más tranquila y conservadora una vez alcanzásemos el lugar adecuado en espera de que los animales dieran la cara.

Hoy era más temprano que el día anterior y los primeros paso fueron en total oscuridad y con la mayor parsimonia posible para no emitir ninguna señal de nuestra presencia. El aire mayormente venía bueno mientras avanzábamos hacia la parte inferior de la finca, cuando con la primera claridad del día un gamo comenzó a roncar.

Seguimos avanzando hasta llegar a un apostadero desde donde dominábamos el pinar de arriba y los claros de abajo. Tumbados en el suelo para evitar con nuestra silueta dar nuestra posición, disfrutábamos de la ronca del primer macho, en espera de algún movimiento. La claridad cada vez era más notoria, había amanecido.

Un segundo macho empezó a roncar en los pinos, y no tardamos en escuchar como ambos gamos se encontraban y se daban "estopa" allí dentro. algo de movimiento notábamos por debajo de nuestra posición, pero no llegó nunca a dar la cara.

A derecha nos pareció escuchar un nuevo gamo, y Sergio decidió dejarnos en nuestra posición apostados para ir a comprobar que pasaba por allí.

Sería cosa de 10 minutos cuando vemos aparecer a Sergio en posición de máxima discreción y haciéndonos señas de que nos levantáramos sigilosamente y le acompañáramos.

"Dani, hay un gamo muy bonito en el testero, hay que pasar esta vegetación para verlo, esta bajo una encina, lo vi bajar tranquilamente hasta ponerse allí. No es tan grande como algunos que hemos visto, pero es muy bonito, vamos despacio y al acabar estos arboles te tiras al suelo, lo valoras y ya decides tú"

Con dicha premisa, avancé sin vacilar, mientras en mi mente los nervios y la adrenalina se iban generando para ser repartidos por el resto de mi cuerpo. Llegue al final de la vegetación y tal como me volvía a indicar Sergio me tumbaba para no alertar al gamo con nuestra presencia. Desde allí no tardé en divisarlo con las precisas indicaciones de Sergio, y con el visor metí aumentos lo máximo que me permitía, y en muy pocos segundos, mientras veía al gamo, por mi cabeza se atropellaban multitud de pensamientos.

No tenía limitaciones de ningún tipo en el gamo a abatir, y al apuntarle lo primero que pude ver es que las palabras de Sergio se amoldaban perfectamente a lo que me había dicho, no era tan grande como otros que habíamos visto el fin de semana, y al tenerlo de frente no conseguía valorar el ancho de la pala, pero era bonito, muy bonito, dude medio segundo pues pensé que aún era pronto y podíamos buscar más, pero no, había aparecido de forma inesperada, como el sobrenombre que pondríamos al gamo que queríamos dar caza, y la apertura de las palas junto con una particularidad que apreciaba en su pala derecha me hicieron desechar la idea y decidirme por intentar el lance.

La distancia era grande, pero confiaba en el rifle de mi amigo Raúl. El gamo como decía estaba de frente, no era un tiro fácil, pero temple nervios y mientras afinaba la cruz pregunté a Cayetano si lo tenía con la cámara, y este afirmativamente me daba rienda suelta pues a buscar el mejor momento para la detonación. Estaba nervioso, me imponía todo, cogí aire, lo aguante, y no me vi preparado. Muchas emociones. Volví a tomar aire, lo aguante y la cruz ahora sí la tenía perenne en mi objetivo.

La detonación rompió la tranquilidad de la mañana, y la nuestra propia desatando nuestras emociones hasta entonces contenidas al ver cumplido el objetivo. El júbilo nos llevo hasta el magnífico animal que nos aguardaba pocos metros más allá del lugar donde pude tirarle.

Era un animal maravilloso, sin lugar a dudas, muy bonito y que sin duda cumplía todas mis expectativas.










Guardándole todo el respeto que merece todo animal abatido por un cazador nos tomamos unas fotos con él como recuerdo impedecedero de la grandiosidad del animal y de la inmensa fortuna de estos cazadores que lo habían conseguido tomar del campo.





















Con el posterior aprovechamiento del animal para futuras comida con familia y amigos dimos por concluido un maravilloso fin de semana de CAZA con mayúsuculas donde el gamo inesperado se convirtió en el gamo inesperado y trabajado.

Concluyo este relato agradeciendo a los chicos de @huntingpyrenees el maravilloso premio que he recibido, que va mucho más allá de abatir o no un gamo, sino de haber podido vivir una experiencia tan inolvidable en un entorno tan esplendido como el que tienen en su finca de Lérida Por mostrarme, particularmente Sergio, una calidad humana fuera de toda duda, conocerle ha sido todo un regalo en si mismo. A Raúl también le doy las gracias, por cederme su rifle, sin él hubiera sido todo mucho más difícil. Y por supuesto a mi amigo Cayetano por su gran ayuda en este rececho, por su buen hacer con las cámaras pero sobre todo por su calidad humana y amistad y meterse 1600 km entre pecho y espalda para estar conmigo.

Me despido convencido de haber alcanzado un gran éxito este fin de semana de caza, donde la aventura, la incertidumbre, la ética, el esfuerzo, el trabajo y por supuesto la calidad humana han sido valores claves en todo esta felicidad que ahora siento y comparto con todos vosotros.

La caza no es todo en mi vida, pero me da parte de ella.




FIN

PD: Habrá vídeo, sed pacientes pues merecerá la pena.

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2 comentarios:

  1. Enhorabuena y felicidades Dani por abatir tan precioso gamo y relatarlo tan bien. Espero con ganas el vídeo. Saludos y un abrazo clickero.

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